martes, 9 de octubre de 2018

Sánchez, Borrell y la rana hervida


Sorprenderse a día de hoy ante la falta de escrúpulos de Sánchez tiene sin duda un punto de teatralidad poco creíble.



En las primarias del PSOE, Sánchez sólo ofrecía una cosa: hacer lo que al resto impedían los escrúpulos, unirse con populistas y nacionalistas. Una posibilidad de matemáticamente obvia pero tan destructiva que ya había provocado meses antes algo tan inusual como que el mismísimo Comité Federal del PSOE se pusiese en evidencia intentando evitarlo. Y la falta de escrúpulos que Sánchez incluso lo coronó con el intento de pucherazo en el Comité.

Desde ese inicio es obvio el tipo de líder que es. Se define en esa línea y probablemente ya no la cambie. Es quien hará lo que sea por el poder.

Y también se vio el cómo lo haría: disimulando, negando lo que hace mientras lo hace.

No pactaremos con el populismo (Sánchez), no aceptaremos una moción de censura apoyada por ERC y PDECAT (Ábalos). Al estilo Mars Attacks.




 Mars Attacks: no huyáis, somos vuestros amigos


Pero el problema de Sánchez no son las falsedades en el CV , su manera de acceder al poder o, incluso, lo que pueda llegar a hacer.
El problema con Sánchez es lo que ya está haciendo:
 

  1- Entregar RTVE, el principal instrumento de generación de opinión pública del Estado, a Podemos, un partido populista;

  2- dar cobertura al nacionalismo facilitándole no que rompa España, claro, sino que se mantengan dominantes en sus CC.AA. (permisividad ante los incumplimientos de la ley, confusión conceptual con el término nación, cesión de competencias, cobertura mediática, protección en Europa, potenciación de las lenguas locales... los mil y un apoyos sin los cuales el nacionalismo no sobreviviría a medio plazo);

  3- Obstruir por partidismo la marcha económica;

  4- Colonizar las instituciones;

  ...


Es la famosa estrategia de la rana hervida. Si enfrentas a la rana a agua hirviendo, esta reacciona; salta y huye. Pero si la pones en agua tibia y vas calentando poco a poco... no reacciona y para cuando quiere salir ya no puede y acaba cocida.
Pues el electorado español somos la rana.



Un ejemplo actual. Dos noticias de hoy mismo, el mismo día:





Borrell hace un gesto contra el nacionalismo




El PSOE apoya de forma práctica al nacionalismo


¿Se ve la estrategia? El PSOE irá dando cobertura práctica al nacionalismo mientras utiliza los gestos de socialistas como Borrell para disimularlo. Para que no haya reacción en el electorado.

¿La prueba del algodón? El nacionalismo apoya y seguirá apoyando a Sánchez ¿alguien cree que lo harían si no les resultase ventajoso?


Por eso los gestos amables y aparentemente constructivos de los Borrell son tan peligrosos como los apoyos prácticos al nacionalismo. Porque no hay uno sin lo otro.
Quien vaya a elogiar un gesto de Borrell debería antes fiscalizar que otras cosas está haciendo el Gobierno del que forma parte. O estaremos cayendo en la clásica trampa del poli bueno y el poli malo: quedarnos en los gestos tranquilizadores del poli bueno que hacen que aceptemos las presiones del poli malo.
Esto no va de personas. Con todos los respetos, no tiene demasiada importancia saber si Borrell actúa o no de buena voluntad. Esto va de estrategias. Por utilizar un nuevo símil, que sean galgos o podencos es indiferente si al final te comen. Y esta estrategia acaba dando cobertura al nacionalismo y desbaratando la reacción.


Seamos claros.
El problema nacionalista lleva 40 años en España y parece irresoluble no porque sea una ideología irremediablemente exitosa. De hecho no triunfa en la mayoría de los países. Es una planta que necesita ser regada para crecer.


El problema parece irresoluble porque el PSOE lo mantiene vivo. Y es imposible apagar un fuego si a la vez se alimenta.

Pronto vendrá toda un tropel de intelectuales afines a la izquierda a repetirnos que al nacionalismo se le vence cediendo (nación, lengua, competencias, permisividad...) Espero esta vez ya no cuele y dejemos de alimentarlo.


Es lo que en mi teoría de las "Emociologías" denomino la respuesta pasiva, frente a la respuesta correcta, la asertiva, que por ejemplo aplicaba Rajoy.
No es que desde la dirección del PSOE de mantenga esta posición por debilidad, claro, lo realiza por interés. Pero lo argumenta como la necesidad de una respuesta sumisa, algo que siempre consigue una cierta aceptación social y apoyo del mundo intelectual, habitualmente contrario a las respuestas agresivas.



Es fácil de entender:

¿Por qué hay fuertes partidos nacionalistas?
¿Por qué hay un populismo de izquierdas con gran implantación?
¿Por qué en cambio no hay un partido populista de derechas fuerte?
Porque el PSOE ha regado y el PP no.


¿155? ¿Cerrar TV3? ¿Recentralizar las competencias de educación?...
Ni funcionarían ni son imprescindibles. Basta con que el PSOE deje de apoyar al nacionalismo. Y no acabará mientras no lo haga.




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Otras entradas sobre el nacionalismo:




domingo, 7 de octubre de 2018

Multipolaridad, multilateralismo, globalismo… ¿otro error de las democracias?


Antes que nada, intentaré centrar a qué me refiero con cada término.

Globalización se refiere al aumento la interrelación a nivel mundial. Relaciones económicas y empresariales, tecnológicas, políticas, sociales, culturales, desplazamiento…

Con globalismo, entre las distintas acepciones de la palabra, me referiré a la actitud o política de poner los intereses del mundo entero antes que los de naciones individuales. Sería no un hecho sino una forma de ideología política, que busca enfocar el análisis en el mundo en su globalidad.


Por caracterizarlos con una frase:
Globalización hace referencia al aumento del comercio, comunicación, desplazamiento…
Globalismo buscaría la prevalencia de las instituciones supranacionales (ONU, OMC…)

Así lo ve Daniel Lacalle, desde el punto de vista del liberalismo económico.




Multipolaridad hace referencia, tras el mundo bipolar de la guerra fría, a un mundo regido por un equilibrio entre potencias militares y económicas. Durante un tiempo se utilizó frente a la idea de un EEUU ejerciendo de “policía” del mundo, garante de un orden en el que nadie pudiese utilizar la fuerza militar para imponer sus intereses.

Multilateralismo hace referencia a al trabajo conjunto de varios países sobre una cuestión y mediante unas reglas. En la práctica sugiere que las decisiones no se tomen en función del poder de cada país sino por razones, por reglas.


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Hasta aquí la clarificación de los conceptos que voy a utilizar. Vayamos ahora a las valoraciones. Mis valoraciones, claro.

Creo que la globalización es en general un bien, algo beneficioso que la humanidad desarrolla espontáneamente. Y el globalismo podría acercarnos a lo que sería una variante internacional de lo que hoy son las democracias a nivel nacional. Una extensión de reglas que podría permitir organizarse y resolver conflictos de forma menos brutal que la espontánea: la fuerza.

La globalización es una realidad con la que contar y el globalismo una aspiración, no una realidad a respetar. De la misma forma, el funcionamiento según el equilibrio de fuerzas es una realidad que no se debe obviar y la multilateralidad un objetivo a conseguir.





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Pasemos, al fin, a lo que me trae al tema, un poco de brainstorming sobre los posibles errores de la posición europea.
 
Parece natural pensar que a los países poderosos les interese funcionar aprovechando las ventajas que les proporciona su fuerza. En ese sentido creo que durante años Europa ha defendido la multipolaridad frente a la idea de EEUU como policía global. El interés europeo parecería claro: en un mundo multipolar, Europa podría ser un polo de poder, no así en un mundo monopolar.
 

Posteriormente, Europa va evolucionando hacia el multilateralismo, una versión más sofisticada pero en la misma línea: evitar el predominio de EEUU al no regirse según el poder de cada país sino las razones. Imagino que de ahí el nobel a Obama.

¿Cuál es el problema? Cada país tiene derecho a ambicionar poder y control de su destino, eso es un objetivo razonable y es aceptable que Europa busque su hueco, pero habrá que estar atento a los errores al llevarlo a cabo.

El primer problema está la ausencia del criterio ético.

Es algo similar al que relato en “Equidistancia y prejuicios”. Igual que criticamos al equidistante por hacer un hacer análisis en los que trata por igual al  manipulador que a su víctima, cuando se promueve la multipolaridad o el multilateralismo debe restringirse a los países que están dispuestos a colaborar entre si. En general no se puede equiparar a las democracias con quien las combate, con regimenes agresivos. 

Es inmoral apoyar a tiranos contra democracias. Quizá aquí podamos recordar el apoyo europeo a Arafat, la protección de terroristas de ETA en Bélgica... 

Aunque muchas veces sea difícil concretar esta valoración de un gobierno como “agresivo” o “tirano”, nunca se debe dejar de intentarlo.






Un segundo problema es la confusión entre el derecho a ambicionar un mundo multipolar/multilateral y la demonización de la opción monopolar. Si Europa quiere ser un poder mundial tiene todo el derecho a intentarlo, pero no a erosionar a un poder dominante que es democrático. Se puede desear un mundo basado en razones en vez de en fuerza pero, dado que es una utopía que nunca se ha llevado a la práctica, no se puede exigir como un derecho inalienable en la práctica.


Además, en general, la competición jugando a la contra suele ser destructiva. Quien quiera competir con EEUU… que lo haga mejorando, no deteriorando a los americanos y sembrando el caos en medio mundo.

Se suele utilizar para esta descalificación una forma de distorsión que yo denomino el voluntarismo: elevar las expectativas más allá de lo razonable, lo que lleva a equiparar a agresores y agredidos. Si todos son malos… ya no hay que preocuparse de la faceta ética y, en la práctica, se elige bando según el propio interés.

Como con el perfeccionismo, aquí también podríamos decir: lo mejor es enemigo de lo bueno.



El tercer problema tiene que ver con el “cómo”.
La URSS tuvo durante un tiempo cierta aceptación en la Europa antiamericana, como denunció en su día Jean-François Revel.

Celebrar el crecimiento o los éxitos de algunas dictaduras (China, Rusia, Cuba, Irán...) porque eso sirve para erosionar al líder, EEUU, dando más posibilidad de influencia a Europa, es una posición destructiva y falta de los mínimos escrúpulos exigibles.
 

Bloquear la acción de EEUU en Oriente Medio o premiar a Obama por una versión del multilateralismo que ha dejado desprotegido al mundo es terrible. Es como premiar a Baldwin y Chamberlain por no hacer frente a Hitler mientras va devorando países.

Hay cosas que, sencillamente, nunca se deberían hacer.

 El mundo cambia, pero siempre es igual.
Lo que fueron Gran Bretaña, Francia, Alemania o Japón,
lo son ahora EEUU, Europa, Rusia y China.
Y estamos dejando que dictadores militaristas crezcan.
Quizá Europa debería plantearse apoyar a EEUU y prevenirse ante los Obamas


Por último, el cuarto problema, es la inacción general por corrección política. El globalismo y el multilateralismo suponen en la práctica, hoy en día, incorporar a las decisiones tanto a las víctimas como a los tiranos.

Produciéndose la terrible paradoja de que cuando un tirano quiere, agrede. Puesto que no se siente realmente comprometido con el multilateralismo. Pero cuando hay que defender al agredido, la decisión es bloqueada por la falta de consenso… ante una toma de decisión en la que participan el agresor y sus aliados.


El caso de Venezuela sería paradigmático. La ONU puede denunciar los abusos de la dictadura, pero jamás conseguirá el consenso para ayudar a su población y defenderla, los aliados del agresor lo impedirían. O el de Ucrania, Rusia puede a la vez invadir el país y bloquear la respuesta de la ONU.


Se necesita otro tipo de globalismo/multilateralismo que incorpore el algo distinto. Que esté formado por democracias y no pueda ser vetado por las tiranías y sus aliados. Una OND (Organización de las Naciones Democráticas) en vez de ONU. Con vocación de ONU pero sin aceptar a quien expande la agresión, sin repetir la falta de defensa de las democracias que nos llevó en su día a la 2ª GM.


La vocación de multilateralismo no puede convertirse en un prejuicio que impida tomar decisiones cuando no se llega a acuerdo. Igual que el deseo de paz no debió convertir la preparación para la guerra en algo maldito en los años previos a la 2ª GM. 

Quién quiera la paz, debe prepararse para la guerra.
Quién quiera multilateralismo, debe estar dispuesto a desarrollar acciones unilaterales.



 

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Nota: Lo he titulado "¿otro error de las democracias?" ya que en su día escribí: "Europa: Dos errores y una carencia. Antiamericanismo, multiculturalismo y límite de mandatos"


jueves, 4 de octubre de 2018

Astérix en Cataluña - quién es quién


El nacionalismo es una emociología: una ideología que no se basa en razones, que es sólo manipulación emocional.

Una forma de hacerse con el poder dividiendo y enfrentando a la sociedad, para luego liderar uno de los bandos. Una ideología que engancha emocionalmente por su supremacismo ¿quien no desea sentirse un elegido?



 

El nacionalismo ha vivido desde siempre de los intereses enfrentados de PP y PSOE. En concreto, alimentado por un PSOE está dispuesto a ayudarle en su enfrentamiento contra el PP.

           PP:                 - ¡Traidores!      

           Nacionalistas:  - ¡Franquistas!
           PSOE-PSC:        (je, je...)




El nacionalismo, localmente, utiliza el poder que le proporciona el apoyo del PSOE
para sembrar sus prejuicios anti-España y arrinconar políticamente a todo aquellos catalanes que no sean afines al nacionalismo. Para marcar el territorio.

Los dirigentes socialistas, en especial los del PSC y PSE, se han convertido en unos experimentados manipuladores emocionales, en gestores de prejuicios. Repartidores de carnets de buenos y malos en una lucha entre el nacionalismo y el Estado.

Y los seguidores nacionalistas se han acostumbrado a ser localmente dominantes, no aceptar la crítica y conseguir lo que quieren mediante el victimismo. Un nacionalismo consentido que no acepta un no por respuesta.


 

Así que el PSOE va dosificando las cesiones. Aparentando firmeza frente al nacionalismo (155) pero facilitando en la práctica que se mantenga vivo y dominante en su zona (Estatuto, nación de naciones...), sabedor de que cuando lo necesite recibirá a cambio su apoyo.

Entre los últimas entregas:
  - transferencia de competencias,
  - cobertura mediática,
  - permisividad con los incumplimientos de la ley,
  - reafirmación de sus distorsiones (nación de naciones, victimismo 1-O...)
  - promoción de las lenguas locales en Navarra, Valencia, Baleares... ¡incluso Asturias!
  - ...



Por eso el problema parece irresoluble. Lo difícil no es responder al nacionalismo, lo difícil es conseguir que el PSOE deje de colaborar con él.


No hay 155 que apague un fuego si a la vez se le está alimentando. Ni sería necesario un 155 si no se le alimentase, ya que:
  Como ideología es un sinsentido (liberarse se una inexistente opresión),
  la aplicación una pesadez (aprender una lengua nueva...)
  e implica un derroche en gastos innecesarios.

Si el PSOE no le diese cobertura, la solución es fácil con la poción mágica:

En una marmita con el caldo base de un diagnóstico compartido entre PP y PSOE:
- desactivar los mitos supremacistas, falsedades victimistas y demás distorsiones;

- dejar de promocionar lo que se utiliza para diferenciar (lenguas locales...)
- una pizca de esa publicidad positiva que tanto necesita una España descalificada durante décadas; 💝
- una ramita de explicación de los valores democráticos reales (respeto a la ley, derechos de las minorías, neutralidad del espacio público y ausencia de adoctrinamiento...);
- y, mucha, mucha atención para no caer en la insana permisividad, que es la principal causa de que la situación se haya deteriorado tanto.



Es difícil el PSOE cambie después de 40 años de estrategia filonacionalista, pero imagino que no imposible. El propio PSOE se mostró internamente dividido entre los partidarios de aliarse con el nacionalismo, que lidera el PSC, y el resto, que no lo comparte pero tampoco está unido en contra.

Se vio una posibilidad cuando Susana Díaz aspiró a liderar el PSOE ¿fue quizá el momento en que más cerca hemos estado de enfilar hacia la solución? 

Una solución que erradicaría esa cizaña y permitiría a los catalanes disfrutar de nuevo de la reconciliación.
Así como la Transición no fue una revancha de los rojos sobre los azules sino el fin de una cizaña de rojos y azules, desmontar el nacionalismo obligatorio sería una auténtica 2ª Transición para Cataluña y para España en general. Liberaría esta vez de los prejuicios y las presiones antidemocráticas nacionalistas.

O, en versión local, una fiesta en la que todas las banderas puedan estar presentes... sin exclusiones ni fobias y dentro de la ley.





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P,S.1: Nota de actualidad (octubre 2018):


- Torra es líder como consecuencia del desvarío del Procés de CiU, pero no está sabiendo jugar el papel de líder manipulador. Así que se queda en mero agitador de emociones, en aficionado exaltado.

Lo último de Torra, en el aniversario del 1-O, ha sido lanzar a sus seguidores (CDR) contra su policía (Mossos), y tratar luego de tapar la chapuza con un ultimátum al Gobierno... un ultimátum que ni siquiera ha concretado ni acordado con sus socios.
Tan desastroso que, más que al líder cizañero Perfectus Detritus, recuerda al pirata Barbarroja.



P.S.2: Nota de actualidad (noviembre 2018) Como queriendo confirmar mi parodia, los líderes del Procés inician una huelga de hambre como forma de presión contra el Tribunal Constitucional.

Sànchez y Turull inician una huelga de hambre indefinida contra el bloqueo del Constitucional



Como dije al inicio: el nacionalismo es una emociología: una ideología que no se basa en razones, que es sólo manipulación emocional.


¡Qué oportunidad perdida para los Monthy Phyton!




P.S.3: Un par de enlaces sobre la importancia del papel de PSOE y PP (diciembre 2018).

De cómo el PSOE alimenta el nacionalismo con un interesado doble juego. 
No en vano a Zapatero le aupó Maragall (PSC) tras el pacto de Tinell y a Sánchez, Iceta (PSC), tras la moción de censura. Un juego de todos contra el PP.


Y de cómo la solución más sencilla al problema nacionalista vendría de la mano de apoyar al PP en Cataluña, País Vasco... allí donde el nacionalismo sea un problema. Ya que si el nacionalismo resulta ventajoso para el PP, el verdadero adversario del PSOE, este dejará de apoyarlo.



P.S.4: (10 enero 2019) Modificado para adaptar mejor a la realidad el símil de la cizaña. El enfrentamiento es entre nacionalistas y el PP, que representa al Estado. Y el PSOE-PSC es quien alimenta la cizaña entre ellos, a veces mostrándose contrario al nacionalismo, pero siempre impidiendo que las medidas que tome el PP sean efectivas. Si el PP intenta defender la libertad de lengua, el PSOE propone blindar la imposición. Si el PP pretende defender el uso de la bandera de España, el PSOE dice que el PP se quiere apropiar de ella. Si... 


P.S.5: (10 enero 2019) Versión corta en mi otro blog, Política de garaje:



P.S.6: (5 abril 2019) Un análisis que incluye a Europa, a Francia y Alemania. Y que creo ayuda a entender mucho mejor la posición del PSC y Zapatero / Sánchez.




Y en general la posición de Europa en los distintos conflictos del mundo (Venezuela, Palestina, Irak, Ucrania...) 


 Un mundo peligroso

P.S.7: (13 abril 2019)  Quizá no sea solo que el PSOE esté apoyado por algo que podríamos denominar como eje franco-alemán. Quizá esté incluso dominado...


 

viernes, 28 de septiembre de 2018

La confusión entre defecto y crimen


Desde un plano ético, cabe distinguir entre un defecto y un crimen. Los defectos son criticables, pero no más, sin embargo el crimen es inaceptable.
 

Planteado así, Sánchez (y Rivera) hicieron mal durante la pasada legislatura al tratar como crímenes los más mínimos defectos de sus contrincantes del PP (acá un máster, allá unas cremas, acullá una empresa familiar). Y los españoles, al dejarnos llevar por esas malicias tan cercanas al cotilleo, sufrimos ahora las consecuencias: una fragilidad del sistema que a nadie beneficia y un gobierno que antepone sus intereses e imagen al bien común.

Ahí se podrían encuadrar el máster de Montón o las cuentas de Duque. Exageraciones perfeccionistas que tratan lo que es un defecto como si fuese una inaceptable impureza. Distorsiones.


Pero la distorsión no consiste sólo en acrecentar la importancia de los defectos. Quien todo iguala también aligera lo grave.


Lo que hace hoy Sánchez al mirar hacia otro lado ante los posibles crímenes de su Ministra de Justicia... eso puede ser una mancha realmente inaceptable.

Primero porque se trata de cómo se maneja la ministra Delgado en su propio mundo de la Justicia. No es una cuestión meramente personal o anecdótica.

Pero, sobre todo, lo realmente grave, es que parece que colabora con un extorsionador dando por aceptables sus tramas criminales y ofreciéndole información. No se trata de si muestra buen o mal gusto al llamar a alguien maricón. La cuestión es si informa a un extorsionador de que un juez es homosexual, o de que otros jueces tienen relaciones con menores, para que el extorsionador pueda seguir esas pistas y utilizarlas. 


Es decir:
Quienes trataron como crímenes los defectos del Gobierno del PP,
se quejan de que ahora se les aplique a ellos el mismo injusto baremo,
y, ya de paso, intentan hacer pasar como mero defecto lo que es un auténtico crimen.


¿Conclusión?
Es un defecto jugar con los defectos y tratarlos como crímenes, pero es criminal disfrazar de defecto un crimen. Y lo primero abre la puerta a lo segundo. 

domingo, 9 de septiembre de 2018

Populismo, publicismo y juego limpio


Se habla mucho del populismo en los últimos tiempos. Un término que no creo que tenga una definición realmente cerrada. 

Dice la RAE: Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares.

Y la Wiki: El populismo es una filosofía política que aprovecha los derechos y el poder de las personas en su lucha contra una élite privilegiada. Se trata de un concepto difícil de definir con exactitud, con el que se designan realidades diferentes...

Así que me permitiré jugar un poco con él. E igual que he inventado un concepto, el de las emociologías, me permitiré crear una variante concreta del significado del populismo. Algo así como una definición del populismo en el ámbito de las emociologías.


Además, puesto que lo relacionaré con la demagogia y el objetivo de conseguir un beneficio partidista, intentaré diferenciarlo de otras formas de demagogia publicitaria. En particular de lo que podríamos llamar publicismo, otra palabra a inventar.

Creo que con esto ya tenemos la piezas necesarias para atacar el tema. Vayamos a por una primera prueba.

Podríamos definir, en el ámbito de la teoría de las emociologías, los siguientes conceptos:

   Populismo. Estrategia política basada en separar demagógicamente a la sociedad en grupos enfrentados con el objetivo de liderar uno de los bloques. Recibe su nombre de una de sus versiones más habituales, la de diferenciar entre pueblo y élites. Pero también se da con otras variantes como la separación nacionalista entre los que se considernan locales y los de fuera, creyentes/impíos, negros/blancos, hombres/mujeres...

   Publicismo. Estrategia basada en decir a tu electorado potencial (al que ve como clientela) lo que estos quieran oír. O, en general, lo que convenga de cara a incrementar el voto con independencia de que los que se dice sea real, viable o responsable. Puede asemejarse, en el entorno de la política, a lo que en el mundo comercial se denomina publicidad engañosa.

Ambas estrategias son contrarias a lo que podríamos llamar responsabilidad, servicio público o simplemente juego limpio. Lo que en el entorno de las emociologías también también he denominado a veces como Emofree, libre de emociologías manipuladoras.

   Juego limpio. Estrategia política basada en conseguir el voto ofreciendo realizar un servicio público, pudiendo influir sobre las emociones (animar hacia objetivos, prevenir de riesgos... publicidad positiva) , pero evitando las estrategias emocionales que manipulan a la sociedad. Las exageraciones, engaños, presiones o chantajes emocionales por poner algunos ejemplos habituales, no se encuadrarían dentro del juego limpio.


Una vez definidos estos conceptos, se pueden utilizar para analizar tanto la ideología de base como las actuaciones de los distintos partidos e individuos. No olvidando que las estrategias no son excluyentes.

Un partido puede seguir una estrategia básicamente publicista pero incorporar ocasionalmente elementos populistas. E incluso ser limpio en algunos aspectos si en ellos le resulta rentable.


De cara a valorar las estrategias populistas creo que se puede utilizar la siguiente guía:


Para valorar las estrategias publicistas creo que lo mejor es atender a lo rompedor de sus ofertas y la descalificación de la realidad. Quien vende motos suele decir que estamos muy mal pero que el tiene una solución indolora que lo resolverá de maravilla.

Quien haga una estrategia limpia tenderá a usar a menudo datos contrastables y mostrar los resultados obtenidos.

 
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P.S.1 (15 sept 2018) Un ejempo:
Populismo de izquierdas: Los ricos nos roban.
Populismo nacionalista: Los de allá nos roban.
Publicismo de izquierdas: La gente tiene derecho a ganar más de la media.
Publicismo de derechas: Los impuestos son un robo.
Juego limpio: medias concretas para optimizar crecimiento y estado del bienestar en función de la coyuntura... no hay regla fija.

jueves, 23 de agosto de 2018

Franco y Arana, lancear a un muerto y excusar al vivo


Tengo 53 años, diez más que la media de edad española, y no recuerdo la vida bajo Franco.
Cuando él murió tenía yo diez años. A esa edad la política no existe y el adoctrinamiento debía haber decaído ya mucho. Así que no digamos lo lejos que debe de estar para la media española actual, que nacía justo ese 1975.

En el colegio, en Bilbao, jamás canté el 'Cara al sol' pero sí aprendí el 'Eusko gudariak', no menos partidista y guerrero. Es decir, las doctrinas políticas que se desplegaban sobre la sociedad ya eran otras. Al menos en País Vasco.

Los únicos asesinatos políticos que conocí eran nacionalistas, de ETA. Muchos y con intención terrorista, es decir, el mismo objetivo totalitario de amedrentar a la sociedad para
someterla a una ideología.

Una sociedad donde había adoctrinamiento y marcado del territorio. Pero no franquista.

Viví el euskera como una obligación más, un idioma que nadie conocía ni necesitaba pero que debía imponerse sin cuestionar.
Los nombres de los pueblos se cambiaban para que sonasen nacionalista.
Las calles pasaron de Avenida José Antonio (que no sabía quién era) a Avenida Sabino Arana (imposible no saberlo)
Un entorno inundado de ikurriñas, lauburus y pintadas, en el que lucir una bandera de España hubiese dado miedo; de hecho nadie se atrevía ni atreve a hacerlo.

Así que pienso ¿en serio necesita la sociedad liberarse del recuerdo de Franco? ¿no tendría más sentido liberarse de la obsesión nacionalista?

Preguntas retóricas, claro. Todo esto lo que realmente parece es un cuento. Una interesada interesada y partidista posverdad, que dirían ahora.


 


Caldear el ambiente con Franco es lanzada a moro muerto. Busca los beneficios de simular valentía pero sin los riesgos y contraindicaciones de enfrentarse a un verdadero enemigo. No es como meterse con el nacionalismo o el populismo de izquierda, algo que haría al PSOE perder el Gobierno.


Así que no creo que tenga sentido darle muchas más vueltas a esta nueva temporada de antifranquismo. No es más que un prejuicio alimentado por interés político. Lo que yo denominaría una emociología de corte políticamente correcto.



 Un cuento con el que alguno partidos políticos distraen la atención, haciendo que la sociedad se centre en la propaganda en vez de en las tareas prácticas que deben realizar los profesionales de la política. Una emociología más con la que intentar separar, enfrentar y cautivar la atención de la sociedad. Propaganda frentista.


Aprovechando el humor J.M. Nieto, esto va más de Frankonstein que de Franco.




Un prejuicio que es utilizado en la práctica para reforzar las verdaderas pulsiones totalitarias de hoy día. Las que no son un cuento.


domingo, 5 de agosto de 2018

Buenismo e irresponsabilidad


Como describo en “Emociologías”, hay quienes ven la política no tanto como un servicio público sino como un juego de manipulación de la sociedad para acceder al poder. Siempre dispuestos a romper la sociedad en bandos opuestos para obtener como rédito el liderazgo cerrado en uno de estos grupos.

 



Una forma de manipulación harto conocida en política.
 




Una visión de la política como un “Juego de tronos” que tanto gusta a algunos, que se presentan como bondadosos mientras en realidad despliegan un buenismo polarizador y destructivo. Fácilmente reconocible por estas dos mismas facetas. La ausencia de resultados prácticos e ir acompañado de una agresiva descalificación del contrincante como radicalmente diferente y “malo”.

 

Dando esto por conocido, me gustaría dar un paso más y valorarlo en términos de responsabilidad. O, más bien, puesto que esta estrategia nunca es constructiva, en grados de irresponsabilidad.


Cuando Sánchez, con el acto unilateral y meramente simbólico del Aquarius, incorpora la inmigración a la primera línea de la actualidad política ¿está produciendo algún beneficio global en el tratamiento de este problema tan grave? Creo que es claro que no. Básicamente realiza una exhibición puntual de los buenos sentimientos que adornan a su partido y lo acompaña de repetidas descalificaciones contra el PP, sobre quien lanza la sospecha de xenofobia. Es decir, una estrategia de división de la sociedad buenismo/xenofobia.

Pero hay temas con las que no se debería jugar. Hay temas con los que este tipo de estrategia no sólo no es fea, sino que además es de una tremenda irresponsabilidad.

Como cuando se utiliza con las víctimas del terrorismo, que ahora verán cómo se acerca a criminales que no han rectificado al lugar donde mandan los suyos. Donde recibirán homenajes mientras quienes sufrieron su violencia son arrinconados (como se ha visto hace poco en Alsasua). Disfrazándolo con el ropaje de un buenismo conciliador, se facilitará al nacionalismo más brutal e insensible la realización una demostración de dominio, que marque el territorio.

O con la gente que no consigue salir del paro, que vive de una pensión minúscula o que, en general, se encuentra en una situación económicamente difícil. Que verán cómo se simula una sensibilidad social que se niega al contrincante de derechas para luego, con beneficio partidista de corto plazo, erosionar la economía con impuestos y lastrar el futuro de todos aumentando un déficit/deuda ya inmensos.

Seamos claros, hay muchas otras cosas que se pueden hacer mal desde la política pero que al menos no son tan dramáticas. Como sembrar la discordia promocionando las lenguas locales como enfrentadas al español (con destructivo criterio multiculturalista). Algo de evidente uso político, no una cuestión lingüística o cultural que a casi nadie interesaría.
O arrinconar aún más a los pobres vascos y catalanes no nacionalistas, que ya llevan más de una generación de irrespetuosos y machacones gobiernos nacionalistas. Donde los menores de 40 casi no han conocido otra cosa que una doctrina nacionalista obsesiva.
En general son innumerables los temas con los que enfrentar a la gente y que al menos no son tan dramáticos.


Soy consciente, claro, que artículos como este tan solo pueden servir para que lo entendamos un poco mejor quienes ya vemos la estrategia. Que la respuesta del “y tú más” es demasiado fácil de realizar y funciona a la perfección una vez la sociedad está alineada en bandos izquierda/derecha. Que no servirá para convencer o abrir lo ojos a nadie que no esté previamente convencido.


Así que yo tan sólo recordaría, a quienes quieran pensarlo fríamente, que el anterior gobierno no utilizó la inmigración contra la oposición. No utilizó a los terroristas presos en el debate político. Y, aunque claramente acusó repetidamente a su oposición de malhacer en cuestiones económicas, sus logros son incuestionables en términos de empleo y crecimiento.


Eso mismo le pediría al gobierno actual. El ideal sería que no llevase a cabo estrategias de buenismo que siempre van acompañadas de la descalificación de contrario y ausencia de resultados prácticos. Pero que, si no queda más remedio… al menos tenga una mínima responsabilidad a la hora de elegir con qué temas va a polarizar y enfrentar a la sociedad.