lunes, 18 de junio de 2018

El engaño de Cs


Aprovecharé una propuesta de Ciudadanos de hoy como ejemplo para intentar explicar cuál es la trampa que viene realizando durante los últimos años.



Cs propone un cambio de la ley electoral para limitar la influencia nacionalista. Una más de esas muchas propuestas apetecibles que suele ofrecer Cs al electorado de derechas y centro. Y a primera vista parece razonable. Casi de sentido común.
Otros países tienen esas reglas similares y es algo sencillo.

Pero ¿qué inconveniente tiene? Qué es inviable.

Cualquiera que siga la política española sabe que eso es imposible que se lleve a cabo. No es que sea imposible que sume suficientes escaños. ¡Es que hay una mayoría de escaños proponiendo que se haga lo contrario, que se dé más poder a los nacionalistas!

Es decir, es una propuesta apetecible, aparentemente sencilla… pero inviable. Fantasiosa. Algo que puede ser normal que se trate en un entorno académico o incluso periodístico. Pero que no tiene sentido como propuesta formal de un candidato a presidir un país.


Y no es sólo eso. Dice además que es ‘necesaria’ y que se ‘debe’ hacer. Ambas distorsiones clásicas. Transforma lo que sería conveniente en necesario (haciéndonos sentir que no hay otro camino) y lo que sería una opción se vuelve un deber (luego quien no lo apoye será malo o cobarde).

Creo que con esto tenemos ya el cuadro habitual de un manipulador emocional. Lo que resalto en la entradilla de mi blog desde hace tiempo: los políticos nos
manipulan con discursos en los que mezclan ilusión e indignación.




Puede parecer algo menor, pero no lo es. Es el tipo de distorsión que descoloca la psique humana. De apariencia real y con fuerte impacto emocional (ilusión y culpa). Y que se ha utilizado sobre todo con el nacionalismo y la corrupción (exigiendo al PP, que no a PSOE, una pulcritud... inalcanzable, también fantasiosa).

 
Y por lo tanto capaz de mover las emociones de las sociedades. Un juego de utopía (solución mágica), héroes (los que lo proponen, claro) y villanos (los malos a vencer, los nacionalistas) similar al habitual de los populismos.



Añadiré un ejemplo de lo que es este tipo de engaño pero realizado desde la izquierda. Para que quienes sean afines a la derecha lo entiendan mejor (siempre se ve mejor si hay menor implicación emocional propia)

¿Alguien duda que es bueno recibir a un inmigrante que huye la pobreza y la violencia? Y dentro de Europa hemos conseguido tirar las fronteras y que la gente pueda emigrar de un país a otro
sin restricciones, aunque unos países sean más ricos que otros.

Es una idea es sencilla y apetecible. De buen rollo.

Pero ¿es sano que un político en activo diga que es necesario que no haya ningún inmigrante desatendido y es nuestro deber moral hacer que esto sea así?

No, creo que todos intuimos que no es razonable que un político busque votos sugiriendo que es viable resolver el problema de la inmigración así, yendo de bueno y dejando caer que quienes no lo apoyan es por falta de bondad. Esa es una estrategia que genera un problema aun mayor (avalanchas inmigratorias y reacciones xenófobas).

Pues el engaño es similar. Con una fantasía inviable (un mundo sin fronteras entre ricos y pobres) y culpa (quien no esté de acuerdo es que le falta bondad).


Es decir Rivera y Sánchez están haciendo básicamente lo mismo y sobre temas importantes.
Sugieren que algo deseable es viable, cuando no lo es. Utilizándolo para mostrarse a si mismos como gente valiosa y acusando indirectamente a sus contrincantes de no cumplir con el deber, de ser malvados o 'rajados' (¿suena la palabra?).




De hecho esto es lo que nos ha traído a la situación actual. Es la estrategia básica que se ha utilizado para desbancar a un PP que con Rajoy se centraba en la gestión. No ‘hace política’, solían decir (en realidad podrían haber dicho que no movía a la gente con fantasías e indignación).
Es decir, es un engaño con consecuencias importantes, de peso, ya que es en la práctica lo que ha posibilitado el último cambio de gobierno y ha sostenido el Procés.




Llego al final. A un político en activo se le debe exigir realismo. Como a un constructor de casas, a un médico... ¿aceptaríamos que un profesional nos propusiese proyectos inviables y acusase a su competencia de no hacerlo por maldad o dejadez?






Y la función de controlar ese mínimo realismo, algo que debería hacer al menos la prensa, no la estoy viendo. Nadie afea a los políticos realizar este tipo de manipulación.


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