sábado, 17 de noviembre de 2018

El voto a Susana Díaz y la izquierda honesta

Tras la victoria de Pedro Sánchez en las primarias frente a Susana Díaz, el PSOE ha retomado la estrategia del PSC. La misma de Zapatero tras su victoria frente a Bono. No en vano Sánchez contó con el apoyo de Iceta como Zapatero con el de Maragall.


Una estrategia, habitual en el PSC (o el PSE...) que pervierte al PSOE al arrastrarlo a la colaboración con el populismo de izquierdas y los nacionalismos. Ambos nada respetuosos con el discrepante, ambos escasamente democráticos.



Una colaboración que no provocará la ruptura de España, como vaticinan algunos con quizá prematuro alarmismo, pero que sí facilitará a los nacionalismos un control aun mayor en sus territorios. 

Lo que está en juego a día de hoy no es la unidad de España sino las libertades de parte de la ciudadanía. De los españoles no nacionalistas que tienen la desgracia de vivir en una zona dominada por el nacionalismo nada respetuoso. 
Así como la expansión del nacionalismo a nuevas Comunidades Autónomas (pasar a ser dominantes en Valencia, Baleares o Navarra, introducción en Asturias o Rioja). O la promoción del populismo en la opinión pública en general, al facilitar a Podemos el acceso a RTVE. 


Se hará poco a poco, para que no haya reacción en contra, pero incansablemente. Ya que es la condición que PSC, Podemos y nacionalistas han puesto a Sánchez cambio de su apoyo. Y se preocuparán de que se cumpla.




En ese panorama desolador de la izquierda es en el que Susana Díaz se presenta a la reelección en Andalucía. Y se pueden producir los siguientes resultados:

 - PP con Cs
 - Cs con PP
 - PSOE con Cs
 - PSOE con Podemos
 - PSOE sin Susana con Podemos

No ocultaré mi preferencia por la opción "PP con Cs". No confío en un Cs que nació junto con UPyD para regenerar a la izquierda en la época de Zapatero pero que luego ha cambiado de objetivo. Y primero asaltó UPyD ahora busca ante todo sustituir al PP.
Un Cs que no ha dudado para ello en respaldar múltiples veces a Sánchez (al intentar hacerle presidente, al cargar contra Rajoy durante la moción de censura, al cuestionar a Cifuentes amenazando apoyar al candidato del PSOE...). Un Cs que constantemente relativiza la perversión actual del PSOE al equiparar a PP y PSOE.




Pero, centrándonos en el voto a Susana Díaz, creo que la opción "PSOE con Podemos" no es viable. No hay duda que Podemos exigirá como condición la sustitución de Susana y que a Sánchez le conviene para afianzar su poder internamente.

Así que Susana y sus leales tendrían que soportar la presión de Sánchez y Podemos. Un enfrentamiento en el que ya perdieron en las primarias y que ahora, con los medios que da tener el Gobierno, sería aun más desequilibrado a favor de Sánchez.

¿Aceptarían los fieles a Susana perder sus puestos por fidelidad en vez de mantenerlos pasándose al bando ganador? Es poco probable. Solo hay que ver la fidelidad total a Sánchez en el Parlamento actual, que algún susanista tendrá.

Así que parece claro que, aunque hoy Sánchez muestre un apoyo cerrado a Susana para impedir que Andalucía pase a manos de PP y Cs, eso terminará en el instante en que se cierren las urnas. Ahí empezará un nuevo teatro: la simulación de que no soporta la presión de Podemos... y la claudicación final apoyando un candidato alternativo. Eso o que Díaz se someta sin condiciones a estrategia sanchista (como el Bono que Zapatero incorporó a su gobierno).


Quedaría la opción "PSOE con CS", que también parece posible. Pero es dudosa. A Cs le interesa ahora competir por el electorado del PP y luego, tras unas nuevas elecciones generales, elegir socio entre PP y PSOE (también por eso les equipara siempre).
Apoyando a Susana Díaz en Andalucía, Cs perdería bazas contra el PP y no se ganaría el apoyo del hoy poderoso Sánchez, que siempre puede ayudarlo contra el PP.


¿Adónde me lleva esta reflexión?

A que el electorado de izquierdas no partidario de la estrategia del PSC de aliarse con populistas y nacionalistas no tiene opción buena en estas elecciones. Votar a Susana Díaz será muy probablemente apoyar a Sánchez y su estrategia. Y no habrá marcha atrás hasta cuatro años después.

Quizá con el tiempo pudiesen aparecer nuevos partidos de izquierda, como en su día aparecieron UPyD (2007) o el Cs de la primera etapa (2006). Pero eso, a día de hoy, no se ve viable. El precedente con Zapatero es tardaron dos años en aparecer.
Ya se verá, pero sin duda España necesita una izquierda distinta, honesta. Alejada de la demagogia, el sectarismo frentista y la intriga sin escrúpulos.


jueves, 15 de noviembre de 2018

El partido impopular

La etapa de Rajoy, como he comentado varias veces, fue un pequeño milagro. Un remanso de paz en el río torrentoso de la demagogia política. Un milagro que permitió avanzar en infinidad de cuestiones: ETA, economía, empleo, Cajas, Eléctricas, nacionalismo catalán...

 
Por un momento se sustituyó la demagogia cortoplacista habitual del discurso político por la sensatez del gobierno. Por seguir con las metáforas, fue un castillo de integridad y sensatez, erigido sobre el terreno devastado por la demagogia de Zapatero y la crisis asociada.
Porque la demagogia siempre acaba en crisis, llegue esta desde el exterior o no. No se puede sorber (realizar tareas constructivas) a la vez que se sopla (se destruye la racionalidad con demagogia e intrigas)

Pero el castillo fue acosado por las fuerzas del populismo (Podemos y medios de derecha anti-Rajoy) y publicismo (PSOE y Cs). Que consiguieron asignar a Rajoy a la vez el papel de malvado de cuento que tanto gusta a los populistas y el de soso de los publicistas.


Un acoso que duró hasta caer derrotado por el ariete final: el Procés. Que, como un nuevo Tinell, facilitó la censura de un todos contra el PP.


Rajoy también cometió sus errores, por supuesto, aunque fuesen pocos y nada deshonestos.

En particular, el discurso le falló en tres facetas:

 - Escasez de discurso: Rajoy siempre pareció preferir dar los datos y que cada uno se montase su relato. Quizá lo hiciese por exceso de limpieza, por el pudor ante la idea de manipular. Pero la gente necesitamos un relato sobre el que asimilar los datos. Y las organizaciones lo necesitan para coordinar sus discursos. Sin relato, el partido no toca al unísono y la sociedad no entiende la melodía.

 - Errores de discurso: En algunos temas, el discurso pareció plegarse a una corrección política nada sana. Las lenguas locales no se critican, el frentismo con la memoria histórica no se responde, la deriva sectaria del feminismo se comparte, se aceptan los excesos perfeccionistas en el tratamiento de la corrupción... Fallos pequeños pero importantes. Fallos que, como vimos en las primarias, probablemente fuesen achacables más a Soraya, puesto que se vieron en el discurso de ella, no en los de Casado o Rajoy. ("Casado vs Soraya. Good vibrations" "Casado vs Soraya (2ª parte)"  )

 - Medios de comunicación: La política de medios fue un desastre a tenor de sus resultados:
     + Pareció querer estructurar el entorno mediático sobre un constructivo duopolio con Prisa a la izquierda y Planeta a la derecha. Pero la realidad es que han quedado ambos a la izquierda, con lo que España padece una vida mediática casi monocolor.
     + Los escasos medios de derecha remanentes estuvieron durante el periodo de Rajoy en una radicalidad que casi parecía un estado de guerra contra el PP. 
     + En los medios públicos, los sindicatos de izquierda se vieron fuertes como para intentar el asalto desde dentro.
Es decir, Rajoy acabó con todos los medios en contra. Y así no hay discurso posible.


Hasta aquí la etapa de Rajoy. Con un partido impopular pero grande; constructivo y sano. ¡Chapeau!


La llegada de Casado ha arrancado como un soplo de aire fresco. Corrigiendo, al menos en parte, las tres facetas que fallaban en el discurso de la etapa de Rajoy.
Y, en lo que se refiere a la organización, parece tener el partido alineado y estar promocionando a gente valiosa, como Alejandro Fernández en Cataluña (una buena combinación la de Alejandro en el Parlamento y Albiol en Badalona) 

Pero con el cambio en el discurso también están apareciendo problemas nuevos:

 - El primero es el riesgo de caer en el publicismo, empujado por la competición con Ciudadanos. Las sesiones de control en el Parlamento resultan un teatro esperpéntico. Con todos los grupos hablando para los medios y sin que ninguno diga nada digno de ser escuchado. Una cosa es incluir un detalle brillante y otra ser solo envoltorio.
A mi modo de ver, el Parlamento debería ser un sitio más serio. Donde se presenten planes de gobierno y criticas constructivas, con propuestas. No un concurso de mera dialéctica. Algo que además es el terreno ideal para los demagogos. No creo que Casado vaya a sacar ninguna ventaja en ese terreno a Sánchez o Rivera, especializados en ese tipo de concurso ("El engaño de Cs").

 - El segundo problema es el riesgo de volver a ser un partido incomprensible, que no se explica. Se ha visto con el tema del impuesto en las hipotecas o en el de la renovación del CGPJ. ¿Cuál es la posición del PP? Pues no se sabe muy bien.
Es cierto que hay unos hechos más o menos claros (propuesta de eliminar el impuesto o renovación en la práctica del CGPJ) pero no están acompañados de un discurso sólido, enunciado alto y claro.
Y creo que sé a que se debe. Es por el miedo tradicional del PP. El miedo a resultar impopular.
     + ¿Qué habría que decir en el caso del impuesto hipotecario? Pues la realidad, que el TS se equivocó al sugerir un cambio con retroactividad pero que lo ha corregido. No es que el TS se haya plegado a presiones, ni que la banca vaya a ser mala cuando repercuta el impuesto, que lo hará. El PP tendría que defender, alto y claro, al TS y a la banca frente a quienes los que atacan con populismo y publicismo... que son todos los demás.
Y, si se quiere, proponer eliminar el impuesto. Pero no usar esa propuesta para no enunciar claramente lo anterior.
     + ¿Y en el caso de la renovación del CGPJ? Aquí habría que decir cosas tan impopulares como que los parlamentarios son por ley quienes deben elegir a los jueces. Que por reprobable que sea la ministra Delgado, que lo es, se debe trabajar con ella mientras sea quien ostente la responsabilidad. Que un sistema en el que la elección la realizasen los jueces podría no representar el sentir general de la sociedad y es por eso por lo que los eligen los políticos. Y quizá hacer alguna propuesta, como la de los nombramientos vitalicios. 
¿Qué ha hecho en cambio? Hacer lo que debe, negociar, pero sin defenderlo con un discurso valiente, impopular.

Es decir, creo que al PP de Casado le está faltando presentarse como lo que debe ser un político: un líder, no un seguidor de la opinión pública ni el chico más popular del colegio.



Ese es el valor del PP. Gente profesional que es capaz de gobernar aportando algo a la sociedad. Crecimiento económico, defensa frente a los nacionalismos, colaboración entre comunidades y organismos, política exterior coherente... 
Ese es el valor del PP. Difícil de mantener, ya que implica aceptar ser impopular, pero valioso para el país y con rendimiento a medio plazo. Esa es su imagen y valor de marca.

Eso diferencia al PP del resto, que funcionan como concursantes de Gran hermano en el mejor de los casos (publicistas e intrigantes), o como sectarios sembradores de cizaña en el peor (populistas sectarios).


¿Corolario? Como dice el refrán: dime de qué presumes y te diré de qué careces. 

Así como el PSOE está siendo todo menos social (no lo es el provocar paro y pobreza) o español (dada su colaboración con los nacionalismos antiespañoles), el PP será un partido valioso en tanto en cuanto esté dispuesto a tomar y defender medidas impopulares cuando se necesiten.

Ni el PSOE parece capaz de hacer honor a sus siglas, ni el PP debe renunciar a contradecir las suyas cuando sea necesario.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Emociologías: el supremacismo como droga de enganche

Hasta ahora, en mi teoría de las emociologías, me he centrado en el victimismo y la utopía. Ya que son los elementos esenciales del discurso en estas variantes de las ideologías basadas en la pura manipulación emocional.


Pero hay otro elemento que también es importante y aún no he incorporado. La principal golosina de enganche de las emociologías: el adictivo sentimiento de superioridad.

¡Quién no ha visto alguna vez la exultante sonrisa de suficiencia de los populistas! Esa sonrisa con la que muestra hasta que punto se siente superior a la persona que tiene enfrente.

O ¿Acaso no es evidente que utilizar de manera sistemática la burla política respecto de un grupo social suele tener detrás una pretensión de superioridad? 

Un ejemplo de este trasfondo de superioridad, aprovechando algunas ideas de Wyoming, presentador del Intermedio, el principal programa de burla política en España: "En España nunca hemos tenido una derecha normal", "con Franco no murieron los millones de franquistas"... 
Es decir, a partir de un claro prejuicio frentista (la derecha es fascista, lo manifieste o no), no es que vea malo un sistema dictatorial, sino que directamente ve mala (moralmente inferior) a media España. Haya dictadura o no. 
Y su oyentes no sólo disfrutan de su inteligente humor, que lo es, sino también de pertenecer a ese grupo superior que son los de izquierdas.




Para quien no lo vea claro, imaginemos que dijese: los negros de África provienen de una cultura primitiva y brutal. Así que no pensemos que se les pasa al cruzar el Estrecho o a sus hijos 40 años después... ¿Se ve el prejuicio no?


Así que digámoslo con claridad: la pretensión de superioridad moral de los populistas y correctos no es distinta de la superioridad racial o cultural de los nacionalismos. O de la superioridad espiritual del islamismo.


Es la principal gratificación que los líderes manipuladores ofrecen a sus seguidores: un agradable sentimiento de superioridad con el que que calmar la necesidad de autoestima. La droga con la que consiguen que su hinchada quiera volver una y otra vez a escuchar lo mismo, a recordar lo mismo, a vivir en ese mundo cerrado y asfixiante que crean las emociologías.

Y es, a la vez, el narcótico que permite que sus seguidores acepten las ideas más estrambóticas e irracionales.
¿Acaso no es eficaz acercarse a los colectivos más marginales, aquellos con más problemas de autoestima, y ofrecerles una solución mágica acompañada de inyección de superioridad?
¡Por eso es normal que aprovechen las crisis! Los momentos en que las sociedades sufren y dudan de si mismas.

Así aparecieron el nacionalismo vasco, el comunismo, el islamismo... aprovechando colectivos a los que la falta de autoestima vuelve vulnerables a la trampa de la  superioridad. Una trampa especialmente adictiva y contagiosa para quienes se sienten desvalorizados.


Por último, otra de las facetas de esta droga, es que facilita la colaboración entre emociologías.
Las emociologías colaboran entre si por un interés obvio, cuando tienen un enemigo común.




Pero es aún más fácil asociarse entre consumidores de complejo de superioridad. Es sencillo para un adicto el derivar en politoxicómano.

Acompañar la sensación de superioridad racial con superioridad moral y viceversa.

domingo, 21 de octubre de 2018

La inutilidad de Cs

Como indico en la entrada anterior, "El doble juego del PSC", el PSC y sus afines (PSE, PSPV...) mantienen un doble juego ante el nacionalismo y el populismo de izquierda. Por un lado se desmarcan de ellos pero al mismo tiempo los protegen, bloquea cualquier intento de reacción frente a ellos.

Este doble juego se aceptó por el PSOE durante la etapa de Felipe González, digamos que dejó hacer. Pero con Zapatero, y ahora con Sánchez, se ha incorporado al PSOE: el Estatuto catalán, la promoción de las lenguas locales en todas las CC.AA., favorecer la permisividad frente a las ilegalidades...
El propio PSOE desarrolla ahora la política tradicional del PSC. El doble juego.

Como narro en "El origen de los emergentes", en la etapa de Zapatero una parte de la izquierda reaccionó frente a esta deriva del PSOE. Y se crearon Ciudadanos en Cataluña en 2006 y UPyD en País Vasco en 2007.
Eran partidos que cubrían una necesidad. La falta de una izquierda limpia de nacionalismo y de populismo frentista. Ofrecían ser una izquierda realmente democrática. Una izquierda socialdemócrata.

Pero, tras la caída de Zapatero, en 2011, tanto UPyD como Cs perdieron parte de su sentido de ser. Alejado del gobierno, el PSOE dejó de poder apoyar tan ostensiblemente a los nacionalismos y populismos y predominó su faceta de sentido de estado, el disimulo.
UPyD supo adaptarse e incorporó a su estrategia la lucha contra la corrupción. Otra función práctica que tuvo su eco en la sociedad. Y Rosa Díez entró en el Parlamento Español como partido antinacionalista y regenerador de sistema.

Este esquema funcionó hasta que, allá por 2014, aparece una nueva tendencia. Los medios de comunicación de la derecha, en guerra con Rajoy por su política de mediática, ofrecen a UPyD y Cs apoyo propagandístico a cambio de que centren su estrategia en erosionar al PP en vez de al nacionalismo y populismo.

UPyD no entra a ese juego pero Cs sí. Y lleva su cambio de estrategia hasta el punto de cambiar su definición de partido socialdemócrata a partido liberal. Pasa de ser una oferta de izquierda limpia a intentar sustituir al PP.

Así que los medios de derecha empiezan a machacar a UPyD y promocionar a Cs; con gran éxito, la verdad. Y, una vez acabado con UPyD, Cs se centra en erosionar al PP con un mensaje engañoso, su propio doble juego, el de Cs:
 - Por un lado su discurso achaca al PP falta de combatividad frente al nacionalismo y el populismo.
 - Por otro lado favorece al nacionalismo y el populismo en la práctica al colaborar con el PSOE en erosionar al PP (Cs refuerza a Sánchez en el PSOE al intentar gobernar con él, lanza una campaña demagógica contra Cifuentes y amenaza con un cambio de alianzas y apoyar al PSOE en Madrid, avisa de que no apoyará a Rajoy tras la moción de censura, lo que deja al PNV en una posición imposible como único apoyo del PP...)

Una estrategia que aprovecha la debilidad del discurso del PP frente al nacionalismo. No en vano la derecha no está tan acostumbrada como la izquierda a los discursos de protección de minorías que sufren una agresión, como es el caso de la población no nacionalista en Cataluña o País Vasco.


Una carencia que en realidad sólo era de discurso, Rajóy sí que hizo frente al nacionalismo, y que ahora parece corregir Casado.


Es decir, en la práctica, Cs erosiona al PP y apoya al PSOE... mientras el PSOE está de nuevo desplegando la estrategia del PSC. La función inicial de Cs, de reacción frente a una izquierda pervertida ha desaparecido ya totalmente. Es más, ahora apoya en la práctica a esa izquierda pervertida frente al PP.

E, imagino que por eso, vuelven a aparecer opciones de izquierda que recuperan el sentido original de UPyD y Ciudadanos: una izquierda limpia de nacionalismo y populismo. Ahí entiendo que se encuadrarían "Plataforma Ahora", "Izquierda en positivo" o "La izquierda hoy".


¿Conclusión? a día de hoy Ciudadanos resulta un partido inútil. Un partido que no aporta ningún valor constructivo a la sociedad sino todo lo contrario. Tan sólo confunde y divide al electorado de derechas en un momento en el que es necesario enfrentarse a un PSOE que sigue la estrategia perversa del PSC. Que se ha aliado con la izquierda populista y los nacionalistas y arrastra a la sociedad hacia la aceptación de sus discursos destructivos desde una engañosa equidistancia.

sábado, 20 de octubre de 2018

El doble juego del PSC


Algún día seremos conscientes de todo el daño que ha hecho el PSC:
A la izquierda, a la que ha pervertido;
a los catalanes, entregándolos a un nacionalismo obligatorio;
y a toda España, propiciando los peores presidentes.


Fue el PSC quien nos trajo a Zapatero, el apoyo de Maragall resultó decisivo frente a Bono. Y le sirvió para que el PSOE desarrollase su estrategia, la habitual en Cataluña, de alianza de todos contra el PP. 
Eso si, se desarrolló simulando colaboración y sentido de estado (Pacto por las Libertades) pero promoviendo simultáneamente el pacto de Tinell y la negociación oculta con ETA.

El PSC de Iceta fue el principal valedor de Sánchez en el PSOE frente a una responsable Susana Díaz. Un Sánchez que, como se vio en su enfrentamiento con el Comité Federal del partido, se distinguía por su falta de escrúpulos a la hora de unir sus fuerzas con nacionalistas y populistas. Un Sánchez que nos ha traído un nuevo Tinell, ahora en forma de moción de censura. De nuevo, un todo vale para conseguir la mayoría, para conseguir el poder. 
 



Es en este partido, el PSC, en quien habría que enfocar las críticas por la evolución del Procés. Es el responsable último de que se decidiesen a realizarlo y como tal es también su punto más sensible: sin PSC, PSE, PSPV... el nacionalismo muere de inanición.
Para CiU, el Procés fue una lucha de poder personalista, una descomposición derivada de los excesos de la propaganda. Pero para ERC, socio imprescindible, el Procés fue una manera de hacerse con parte del voto de CiU e intentar reeditar el tripartito de Maragall, PSC-ERC-IU. Sólo que ahora con Junqueras de líder: ERC-PSC-Podem.
Ninguno, ni CiU ni ERC, hubiesen iniciado un desafío tan irracional y descabellado de no confiar en que, tarde o temprano, el PSC-PSOE les ayudaría a salir del embrollo.



Así que todo es, en el fondo, puro paripé político; un teatro que busca la alianza que promueve desde siempre el PSC:
 

España para el PSOE, con el apoyo de Podemos, ERC, Bildu, Compromís...
Cataluña para ERC, junto a PSC y Podem.
País Vasco para Bildu, de la mano de Podemos y PSE.
Comunidad Valenciana...

Con los pagos que también conocemos todos: 
Podemos se lleva los medios de comunicación, para propagar su frentismo populista y la descalificación del PP; y tendrá mano en las cuentas, lo que inevitablemente afectará al crecimiento económico, trayéndonos déficit y paro.

A los nacionalismos no les dará la ruptura de España, claro que no, eso no está en juego. El verdadero pago del PSOE a los nacionalistas será ayudarles a dominar a su población no nacionalista. Facilitarles marcar el territorio en su Comunidad Autónoma. Y extender la semilla del nacionalismo a otras CC.AA. aprovechando las lenguas locales (bable...).

Todo esto ya lo hemos vivido antes con Zapatero: el Estatuto de Cataluña declarándola nación, los 5 millones de parados...






 

Así que ahora, cuando el PSC ya ha conseguido hacerse con el gobierno de España, proseguirá su doble juego.
Tirar la piedra, apoyando en la práctica a populistas y nacionalistas, mientras esconde la mano, simulando sentido de estado y la búsqueda de una colaboración constructiva.


Una estrategia que, como con Zapatero, se irá desarrollando poco a poco. Para que la sociedad no reaccione y se deje llevar... adonde no quiere ir. No olvidemos que ni la derecha ni la mitad del electorado del PSOE estarían de acuerdo con esta política de promoción del nacionalismo y sinsentido económico. Es una opción que, de ser presentada con claridad, tendría un apoyo minoritario. Por eso se introducirá de forma gradual y disimulada. Nos acostumbraremos a aceptar el engaño y la contradicción como parte de la vida política sin importancia.








Por último, este doble juego del PSC, irá acompañado de confusión ideológica.


Aparecerán intelectuales ensalzando lo que el PSC llama catalanismo, ser nominalmente no nacionalista pero permisivo con el nacionalismo en la práctica. O lo que el populismo llama ser social, que en la práctica es satanizar al mercado, a los ricos, al IBEX, a los bancos...

Una perversión que nos hará anti-americanos, correctos, anti-franquistas... mientras se facilita en blanqueo de la historia de ETA, el marcado nacionalista del territorio o la promoción del diálogo con la dictadura venezolana. Una perversión conceptual que se puede caracterizar por lo que se dio en llamar equidistancia: embarullar el análisis para poder equiparar a agresores y agredidos y apoyar en la práctica al afín.




Su regla de aplicación sería:
  + el nacionalismo es malo pero quien se enfrente a él es igual de malo, será considerado nacionalista español.
  + el populismo es malo, pero si la derecha lo denuncia será considerada franquista.
  + Y, ante la duda, si los dos son malos, los nacionalistas y populistas de izquierda al menos son afines. Y son el débil frente a la derecha. Por lo que el PSOE los preferirá de aliados.


¿Conclusión? El PSC juega a un doble juego: distanciarse de nacionalistas y populistas para no poder ser acusado por sus defectos, pero al mismo tiempo impedir que la sociedad se enfrente a ellos al acusar de nacionalista (español) y populista (de derechas) a quien lo haga.

Es decir, el PSC mantiene vivo al nacionalismo y al populismo para utilizarlos en su beneficio. 



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P.S.1 (6 Nov 2018) Una muy buena forma de ilustrarlo de JM Nieto. Tras la manifestación en defensa de la Guardia Civil en Alsasua, la respuesta agresiva nacionalista y el alineamiento del Gobierno del PSOE... con los nacionalistas.

Si tu asiento te lo ponen nacionalistas y populistas... acabas teniendo que acariciar a sus dragones.



P.S.2 (6 Nov 2018) No he hecho un estudio pero creo que últimamente el PSC está centrado en disimular su faceta de colaboración con el nacionalismo. Primando los mensajes de denuncia del nacionalismo.

Una vez han colocado a Sánchez para que se una a los secesionistas, por parte del PSC todo son declaraciones contrarias al nacionalismo. Dejan el papel de malo a gente del PSOE (Ander Gil, Robles...¡hasta Marlaska tiene que dar la cara!)

Puro disimulo. Porque saben que es el punto débil de su estrategia. Que el PSC caiga en Cataluña.

Ojalá alguien hiciese un estudio de las declaraciones de los dirigentes del PSC antes y después de conseguir que el PSOE siguiese su línea.

P.S.3 (15 Nov 2018) Creo que un buen símil para la relación entre el nacionalismo y el PSC es el del juego del poli bueno y el poli malo de las películas.

El poli bueno (PSC)
dice que la solución es darle algo al poli malo (nacionalismo)
para que se calme.
Y así la sociedad va cediendo para evitar el conflicto.

sábado, 13 de octubre de 2018

El Procés abre la puerta a la izquierda



El Procés se inició en la derecha nacionalista catalana. Como partido, CiU no tenía necesidad, se encontraba en aquel entonces a un tris de la mayoría absoluta. No fue una estrategia de partido, Artur Mas lo arrancó por intereses personales. Como también por motivos personales pasó luego el testigo a Puigdemont, a quien pensó que podría controlar desde el PDECAT, y esté a su vez lo ha pasado a Torra, por igual motivo.
El Procés ha sido para la derecha nacionalista catalana un proceso de autodestrucción derivado de intereses personales. Y ha sido posible por los excesos de la propaganda. Sembrar prejuicios es fácil, no tanto controlarlos luego.


ERC, la izquierda catalana, se apuntó desde el principio. Era un regalo y así lo vio. La derecha adoptaba su discurso, lo que implicaba que con el tiempo el electorado de CiU iría pasando a ERC. Miel sobre hojuelas.



El partido de derechas nacional, con Rajoy en el Gobierno, le respondió con asertividad: firmeza sin agresividad.
No entrando al trapo de las provocaciones, lo que fue dejando sin discurso al nacionalismo, ni cediendo a los chantajes, lo que le dejó también sin sentido práctico.
Una respuesta pragmática que llevaría con el tiempo al nacionalismo a, digamos, cocerse en su propia salsa mientras mantuviesen el desafío. 



Pero la otra derecha, la de los medios de comunicación, no le acompañó en la estrategia. Estaban en guerra contra Rajoy por su política de medios y aprovecharon la falta de agresividad para acusarlo de cobardía o incluso traición.





Por último, a la izquierda nacional el Procés le generó contradicciones. Medio PSOE, liderado por el PSC ve la ocasión de aprovechar la ruptura entre la derecha nacional y local para liderar un todos contra el PP. El otro medio ve como un riesgo excesivo el apuntarse a una estrategia que puede ser autodestructiva, al ligar al PSOE a los populismos de izquierda y nacionalista.
Finalmente gana la batalla interna Sánchez, el candidato del PSC, y se consuma la alianza del PSOE con Podemos y ERC y el posterior todos contra el PP. Un segundo Tinell con el que el PSC aúpa esta vez a Sánchez, como en el anterior aupó a Zapatero.

El objetivo es claro, repartirse el poder:

España: PSOE - Podemos - ERC - Bildu
Cataluña: ERC - Podem - PSC
País Vasco: Bildu - Podemos - PSE
Valencia: Compromís - PSPV - Podem
... 

 Las consecuencias también son claras. Ya las vimos con Zapatero. Caerá la economía, aumentará el marcado del territorio en zonas nacionalistas, las instituciones serán colonizadas y puestas al servicio de los partidos... lo conocido.
Una izquierda manipuladora, controladora y centrada en el poder, sin sentido de servicio público. Algún día alguien sacará cuentas de cuanto daño ha hecho el PSC a la izquierda, a la que ha pervertido, a los catalanes, a los que ha entregado al nacionalismo y a toda España, propiciando los peores presidentes.
En este partido, el PSC, habría que enfocar las críticas. Porque es el responsable y el corazón del que emana la estrategia y como tal su punto débil.







Una secuencia en la que cabe destacar tanto la falta de escrúpulos de la izquierda como los excesos de visceralidad nacionalista y antinacionalista de la derecha, a la que, con respeto pero con humor, me gustaría dedicar este vídeo:






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P.S.1 (14 octubre 2018)  ¿Por qué muchos sienten a Sánchez como un ocupa?

Quizá porque populismo y nacionalismo no son mayoritarios.
Pero Sánchez, con medio PSOE, se ha hecho con el PSOE. Y con ese PSOE de 85 escaños se ha hecho con el Parlamento. Y nos empuja a todos a aceptar planteamientos del populismo y nacionalismo.

¿Es legal? Sí, claro, se trata de una valoración, no de una denuncia.

Pero, con ocultación y por equilibrios de poder, Sánchez nos lleva en lo social a buscar un punto medio entre PSOE y Podemos. En lo nacional a medio camino entre PSC y ERC-Bildu. Y eso no representa el sentir general.

Sánchez aprovecha la descomposición de la derecha. En especial de la derecha catalana que se fue al garete con Artur Mas. Pero lo aprovecha para llevarnos a todos adonde, hasta hoy, la mayoría no ha dicho que quiera ir.

En Canadá, frente al desafío nacionalista, sacaron una ley que denominaron Ley de claridad. Aquí creo que podemos pedir lo mismo frente a riesgos tan importantes como los que suponen el populismo y el nacionalismo:  ¡claridad!



P.S.2 (14 octubre 2018) Una izquierda socialdemócrata.

Igual que en su día la deriva hacia nacionalismo de Zapatero propició la aparición de UPyD y Ciudadanos, como partidos de izquierda no nacionalista en País Vasco y Cataluña, quizá sean estos los lugares donde más necesario sea hoy un nuevo partido de izquierda socialdemócrata. Del tipo que promueve la plataforma Ahora (@AhoraPlataforma)

Una izquierda que no diga, con distorsión multiculturalista, que hay que proteger las lenguas y cultura locales. Que tenga claro que a quien hay que proteger es a las minorías que las sufren como opresión.




Que no diga que hay pobres por el mercado. Sino que vivimos mejor que nunca gracias al mercado y quizá en algunos aspectos haya que repartir aunque sea a costa de algo de riqueza.


Una izquierda que busca ser solidaria con la riqueza generada, no enemigo de quien genera riqueza. Que colabora y aporta sensibilidad, no se opone y manipula.




martes, 9 de octubre de 2018

Sánchez, Borrell y la rana hervida


Sorprenderse a día de hoy ante la falta de escrúpulos de Sánchez tiene sin duda un punto de teatralidad poco creíble.



En las primarias del PSOE, Sánchez sólo ofrecía una cosa: hacer lo que al resto impedían los escrúpulos, unirse con populistas y nacionalistas. Una posibilidad de matemáticamente obvia pero tan destructiva que ya había provocado meses antes algo tan inusual como que el mismísimo Comité Federal del PSOE se pusiese en evidencia intentando evitarlo. Y la falta de escrúpulos que Sánchez incluso lo coronó con el intento de pucherazo en el Comité.

Desde ese inicio es obvio el tipo de líder que es. Se define en esa línea y probablemente ya no la cambie. Es quien hará lo que sea por el poder.

Y también se vio el cómo lo haría: disimulando, negando lo que hace mientras lo hace.

No pactaremos con el populismo (Sánchez), no aceptaremos una moción de censura apoyada por ERC y PDECAT (Ábalos). Al estilo Mars Attacks.




 Mars Attacks: no huyáis, somos vuestros amigos


Pero el problema de Sánchez no son las falsedades en el CV , su manera de acceder al poder o, incluso, lo que pueda llegar a hacer.
El problema con Sánchez es lo que ya está haciendo:
 

  1- Entregar RTVE, el principal instrumento de generación de opinión pública del Estado, a Podemos, un partido populista;

  2- dar cobertura al nacionalismo facilitándole no que rompa España, claro, sino que se mantengan dominantes en sus CC.AA. (permisividad ante los incumplimientos de la ley, confusión conceptual con el término nación, cesión de competencias, cobertura mediática, protección en Europa, potenciación de las lenguas locales... los mil y un apoyos sin los cuales el nacionalismo no sobreviviría a medio plazo);

  3- Obstruir por partidismo la marcha económica;

  4- Colonizar las instituciones;

  ...


Es la famosa estrategia de la rana hervida. Si enfrentas a la rana a agua hirviendo, esta reacciona; salta y huye. Pero si la pones en agua tibia y vas calentando poco a poco... no reacciona y para cuando quiere salir ya no puede y acaba cocida.
Pues el electorado español somos la rana.



Un ejemplo actual. Dos noticias de hoy mismo, el mismo día:





Borrell hace un gesto contra el nacionalismo




El PSOE apoya de forma práctica al nacionalismo


¿Se ve la estrategia? El PSOE irá dando cobertura práctica al nacionalismo mientras utiliza los gestos de socialistas como Borrell para disimularlo. Para que no haya reacción en el electorado.

¿La prueba del algodón? El nacionalismo apoya y seguirá apoyando a Sánchez ¿alguien cree que lo harían si no les resultase ventajoso?


Por eso los gestos amables y aparentemente constructivos de los Borrell son tan peligrosos como los apoyos prácticos al nacionalismo. Porque no hay uno sin lo otro.
Quien vaya a elogiar un gesto de Borrell debería antes fiscalizar que otras cosas está haciendo el Gobierno del que forma parte. O estaremos cayendo en la clásica trampa del poli bueno y el poli malo: quedarnos en los gestos tranquilizadores del poli bueno que hacen que aceptemos las presiones del poli malo.
Esto no va de personas. Con todos los respetos, no tiene demasiada importancia saber si Borrell actúa o no de buena voluntad. Esto va de estrategias. Por utilizar un nuevo símil, que sean galgos o podencos es indiferente si al final te comen. Y esta estrategia acaba dando cobertura al nacionalismo y desbaratando la reacción.


Seamos claros.
El problema nacionalista lleva 40 años en España y parece irresoluble no porque sea una ideología irremediablemente exitosa. De hecho no triunfa en la mayoría de los países. Es una planta que necesita ser regada para crecer.


El problema parece irresoluble porque el PSOE lo mantiene vivo. Y es imposible apagar un fuego si a la vez se alimenta.

Pronto vendrá toda un tropel de intelectuales afines a la izquierda a repetirnos que al nacionalismo se le vence cediendo (nación, lengua, competencias, permisividad...) Espero esta vez ya no cuele y dejemos de alimentarlo.


Es lo que en mi teoría de las "Emociologías" denomino la respuesta pasiva, frente a la respuesta correcta, la asertiva, que por ejemplo aplicaba Rajoy.
No es que desde la dirección del PSOE de mantenga esta posición por debilidad, claro, lo realiza por interés. Pero lo argumenta como la necesidad de una respuesta sumisa, algo que siempre consigue una cierta aceptación social y apoyo del mundo intelectual, habitualmente contrario a las respuestas agresivas.



Es fácil de entender:

¿Por qué hay fuertes partidos nacionalistas?
¿Por qué hay un populismo de izquierdas con gran implantación?
¿Por qué en cambio no hay un partido populista de derechas fuerte?
Porque el PSOE ha regado y el PP no.


¿155? ¿Cerrar TV3? ¿Recentralizar las competencias de educación?...
Ni funcionarían ni son imprescindibles. Basta con que el PSOE deje de apoyar al nacionalismo. Y no acabará mientras no lo haga.




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