En las democracias el poder está regulado por la opinión pública a través del voto. Esto hace que a veces primen criterios mediáticos sobre los de gestión.
(1)
Y lo mediático en tendente a las modas y las "obsesiones". Hoy gusta esto, sale por todas las cadenas, mañana aquello. No es raro ver a los encargados de dirigir lo público, los partidos políticos, dedicados a seguir la moda. Dando bandazos político-mediáticos.
Habrá temas con más tirón emocional, siempre de moda:
- Los relativos al nacionalismo (agravios mutuos, lengua...)
- Corrupción
- Los que enfrentan a la Iglesia y lo social (homosexsualidad, aborto, educación...)
- ...
Y algunos con menos pero que con buena promoción (que siempre incluye una "satanización" del partido adversario) logran su seguimiento:
- El franquismo, Guerra Civil...
- Anti-americanismo
- Anti-comunismo
- Feminismo
- Los "derechos sociales"y el [neo]liberalismo
El caso es que hoy día parece que la corrupción está muy de moda. Hasta el punto de parecer a veces el tema central de cara a los pactos y estrategias.
Yo, sin quitarle importancia a la lucha contra la corrupción, me planteo: ¿No nos estaremos pasando?
Por ejemplo, yo no mezclaría la crisis con la corrupción. Creo que tienen una
relación escasa, las cantidades de la corrupción, en España, no son
significativas a ese nivel. La corrupción es indignante, y más durante en estos tiempos, pero la crisis
es debida a la mala gestión, cosas distintas.
Quizá no esté mal esta moda. Una sociedad más limpia y con más controles puede ser una de las pocas buenas consecuencias de esta crisis.
Solo espero que la moda no nos lleve a que elijamos para dirigirnos a un mal gestor
/****/
(1) Blog "Pajas y obviedades - Política y opinión pública ¿representantes o dirigentes?"
/***************/
P.S.3 (27 Feb 2016)
Una vuelta más sobre la corrupción. Creo que es destructiva cuando es parte
de los mecanismos del sistema. Cuando el sistema la necesita para funcionar. Cuando es el
aglutinante de la estructura del Estado (el grupo dirigente funciona como una mafia y ese se convierte en el criterio para pertenecer) o la forma de financiarse una función (policía que vive de mordidas), por
ejemplo.
Pero
ese no es el caso español. Así que, una vez más: la mala gestión es
mucho más importante que la corrupción. Aunque sea más difícil de vender
en los medios.
Y por dejarlo claro, la corrupción puede ser sistémica (estar en todo el sistema) pero no ser un mecanismo esencial del sistema. Ser más como un vicio añadido. Ese creo que es el caso español. Y lo que se necesita... es una buena gestión .... de limpieza ;-)
tuiter like:
Y unos datos que apoyan que es sistémica (afecta a todos) y aunque muy perjudicial, menos que la mala gestión.
P.S2. Cosas sobre la corrupción en España
"España, demagogia y corrupción por etapas"
P.S.1: Un articulo de Savater que podría ir al caso. Siempre un placer leerle.
Nubarrones
EL PAÍS 05/08/15
FERNANDO SAVATER
· En España son paradójicamente tiranos los que cumplen las
leyes, no los que las desafían. Algunos están más preocupados por la
reacción del Estado ante el plebiscito catalán que por este atropello al
derecho a decidir de los ciudadanos
Gane quien gane las elecciones generales, lo único que puede
asegurarse es que tendremos un gobierno socialdemócrata, aunque se
presente bajo otro rótulo ideológico. En Europa nadie se contenta con
menos en lo social, pero tampoco quiere menos libertad en lo político.
Como señaló Tony Judt, “la socialdemocracia es el discurso cotidiano de
la política europea contemporánea”. De modo que los mas aviesos y
traviesos liberales hablan al ponerse serios como socialdemócratas (sin
dejar de hacer chistes sanguinarios contra ellos) y los comunistas mas
dogmáticos también cuando quieren conseguir votos (sin dejar de
considerarles blandos oportunistas y siervos del capital). Es un alivio
que sea así.
Las democracias que forman la Unión Europea
necesitan una reforma de su alianza en cuestiones esenciales como la
inmigración o la garantía de los derechos sociales y, si se logra, serán
los que piensan como socialdemócratas los que la lleven a cabo, se
definan a sí mismo como tales o no. La UE se inventó para que nunca más
hubiera nazismo y para que el comunismo no se extendiese más allá del
telón de acero, de modo que es improbable que los herederos ideológicos
de esas dos indeseables plagas sean los gestores más adecuados para
encabezar su regeneración. Hace poco, viendo a Le Pen aplaudir y apoyar a
Tsipras, hemos tenido prueba de ello.
La base necesaria para que la socialdemocracia pueda funcionar
satisfactoriamente es la existencia de ciudadanos conscientes
preocupados por lo común y lo público, dentro de un Estado lo
suficientemente fuerte como para no consentir privilegios
discriminatorios en su función protectora: es decir, que ampare el
derecho a la diversidad pero impida la diversidad de derechos. Se logró
más o menos durante la Guerra Fría y tras la caída del muro de Berlín,
aunque fue decayendo después aceleradamente. Como también señaló Tony
Judt, “la paradoja del Estado de bienestar, y de hecho de todos los
estados socialdemócratas (y cristianodemócratas) de Europa, era
simplemente que con el tiempo su éxito mermaría su atractivo”. Todo ello
agravado por la creciente deuda de la crisis económica, la inmigración
desesperada de quienes huyen de estados fallidos o inexistentes,
etcétera.
· Las democracias de la UE necesitan una alianza en cuestiones como derechos sociales e inmigración
La ciudadanía democrática se basa en el derecho a decidir de cada
cual. Este derecho tiene como cauce y límite la ley constitucional que
sustenta el Estado y es, obvio resulta decirlo, igual para todos. En
España oímos cosas sorprendentes como que ninguna Constitución europea
reconoce el derecho a decidir, cuando todas se basan en él, o partidos
que proponen incluir ese novedoso derecho en el ordenamiento
constitucional, o sea que proponen la revolucionaria idea de que los
zapatos por fin se acomoden a los pies. Naturalmente, el derecho a
decidir es meramente político, no prepolítico o suprapolítico. Por
tanto, no depende de diferencias culturales, regionales, históricas,
etcétera… ni se aplica a entidades colectivas superiores al ciudadano
libre e igual a todos los demás.
Cuando uno dice que desde el punto de vista político no hay
catalanes, ni vascos ni andaluces (ni mucho menos miniestados con
voluntad propia como Cataluña, Euskadi o Galicia) despierta hoy el
escándalo de quien niega la evidencia: ¿no es evidente que existen
catalanes o vascos de identidad inconfundible? Pero también existen de
manera inconfundible varones y mujeres, ateos y creyentes, negros,
blancos y amarillos, pero nadie se escandaliza porque tales diferencias
no se reflejen en formas de ciudadanía distintas. Son distintos, pero no
políticamente distintos. La libertad del ciudadano, a partir de la ley
compartida, es poder definirse como prefiera cultural, ideológica,
estética o eróticamente: parecerse a quien quiera o diferir de todos.
Pero ninguno, individual o colectivamente, tiene derecho a decidir por
sí mismo y excluyendo a los demás sobre lo que afecta a todos.
Después de ver y oir a los socialistas en Cataluña y Euskadi, tras la
vergüenza de Navarra y los pactos poselectorales, yo no votaría a Pedro
Sánchez ni aunque se presentara solo a las urnas con todos los rivales
encarcelados por corrupción. Pero tengo curiosidad por conocer esa
reforma federal que promete y que, aunque nadie la reclama, está
convencido de nos va a encantar a todos. Se parece a esos padres que
explican al niño llorón lo bonito que es el kit de química recreativa
que va a regalarle en lugar de la pistola de rayos laser que él quiere.
· El ‘prusés’ no es malo porque sea ilegal, sino que es ilegal porque es malo para la democracia
No faltan cuestiones que podrían tratarse en una reforma
constitucional: recuperación de competencias estatales en Sanidad o
Educación, supresión de la alusión arcaica e inconcreta a los “derechos
históricos”, supresión de privilegios tributarios en el País Vasco o
Navarra, reforzamiento explícito del laicismo en educación y demás
áreas, etcétera… Pero me parece que ésas no son las que propone el señor
Sánchez. Lo suyo suena más bien a blindar el control nacionalista sobre
las partes de España que han decidido adjudicarse, pero rogando que a
cambio de esa concesión no hablen de independencia…al menos en los
próximos cinco años. Por cierto, lo del “hecho diferencial” es otra
melonada: si A difiere de B, también B difiere de A. Parafraseando el
lema de Rebelión en la granja, la novela de George Orwell, todos somos
diferentes y no hay unos más diferentes que otros. Para eso está el
Estado.
En España son paradójicamente tiranos los que quieren cumplir las
leyes, no los que las desafían. Algunos parecen más preocupados por la
reacción del Estado ante el pleibiscito separatista en Cataluña que por
este mismo atropello al derecho a decidir de los ciudadanos. Me recuerda
aquel desafortunado titular de este periódico tras los atentados del 11
de septiembre (“El mundo teme la reacción de USA”), como si el peligro
no fuese el nuevo terrorismo global sino el cabreo de Bush.
Porque el “
prusés” no es malo porque sea ilegal, sino que es
ilegal porque es malo para la democracia. Y lo peor sería que el
Gobierno estatal no hiciese nada efectivo para impedirlo. Algunos se
inquietan: ¿suspender la autonomía? ¿y luego qué?¿encarcelar a Mas? ¿y
luego qué? Preguntas parecidas se hacían en el País Vasco cuando se
intentaba acabar con el doble juego de los que pretendían a la vez estar
en el Parlamento y apoyar a ETA. ¿Ilegalizar Herri Batasuna? ¿Y luego
qué? ¿Encarcelar a la mesa nacional de HB? ¿Y luego qué? Pues luego ETA
renunció a la lucha armada.