martes, 9 de mayo de 2017

De lo políticamente correcto a los populismos


Haber vivido en el País Vasco durante la Transición, me permitió observar algo importante: qué una emociología no precisa de una causa real para desplegarse, basta con que la sociedad acepte dejarse manipular emocionalmente. (1)

Esto nos puede ayudar a valorar las causas últimas del despliegue actual de los populismos.
Casi todos los expertos buscan un origen práctico y real:
    - La ineficacia burócrata de Europa
    - El empobrecimiento derivado de la crisis
    - La frialdad social del capitalismo
    - La corrupción de los poderosos
    ... 
Todas ellas causas reales que justificarían, aparentemente, una crítica a la totalidad del sistema.

 Pero la causa puede ser más simple y seguir la sencilla lógica del manipulador hacia su víctima: criticar todo aquello que la víctima se deje criticar. 



 Así, el nacionalismo vasco aprovechó el sentimiento de culpa por el franquismo, algo que era general durante la Transición, para desplegar sin objeciones sus reproches contra Espàña. Se dió cancha a la implantación de las emociologías nacionalistas y a pinceladas de la emociología populista de izquierdas. 

¿Qué tendríamos hoy día en Occidente?
Hemos dejado que crezca enormemente la aparentemente suave emociología de lo políticamente correcto. Pero aunque poco dolorosa, sigue siendo una presión emocional frentista. Y como tal, con el tiempo ha dado cabida a las variantes más extremas, los populismos. 


Como suelen decir: entre el original y la copia, siempre acaba ganando el original. Así que, si aceptamos como buena la práctica de manipular emocionalmente (políticamente correcto), acabarán ganando los manipuladores totales (populistas)
Si aceptamos que podemos ser llamados machistas aunque no lo seamos. O racistas, homófobos, insensibles, egoistas... ¿cómo vamos luego a rechazar las encizañadoras recriminaciones de los populistas? 



De ahí sale, en EE.UU., un populismo de izquierda que pide más manipulación correcta (Sanders) y otro de derecha contra el yugo de lo políticamente correcto, a lo enfant terrible (Trump). 

O la versión española, con un populismo de izquierda que intenta convertir en incorrecto hasta el heteropatriarcado o el sistema capitalista.

La inglesa, que deriva en populismo de derecha y culpa de las ataduras al exterior, a la Unión Europea. La francesa, que expande como un acordeón los populismos de derecha e izquierda. La italiana, que busca su enfant terrible en un cómico...


¿Conclusión? Los populismos actuales no son como los de la primera mitad del siglo XX, que se montaban sobre ideologías de base racional. Lo de hoy va sólo de:



(1) En el colegio, por poner un ejemplo, nadie en mi clase (de la quinta de 1965) hablaba euskera ni conocíamos a nadie que lo hablase (salvo la abuela de uno...). No sólo eso, además renegábamos de las clases de euskera, que empezaban a ser obligatorias y lo sentíamos inútil y una discriminación respecto de los de un año más, que no sufrían esa carga.
¿Nos iba a evitar esto indignarnos porque el euskera hubiese sido prohibido (supuestamente) y considerarlo nuestra verdadera lengua? Pues no, con el tiempo muchos comulgarían con los mantras de la emociología nacionalista. Y esa lengua que nadie hablaba se ha llegado a establecer como obligatoria.

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